Recordamos antes de poder nombrar; hay un mundo de sentidos anterior a las palabras, a la razón, al tiempo, volvemos a él, soñamos con recuperarlo¹


Malen Nanfaro trabaja desde un lenguaje hecho de tierra húmeda, de gestos mínimos, de aromas que se adhieren a la memoria. Sus piezas parecen surgir de ese lugar fundacional donde la experiencia todavía no se ha vuelto discurso, donde lo sensible organiza la manera de conocer.

Esa relación atenta con los materiales deriva en un territorio en transformación. Las obras respiran, mutan, avanzan. Como los nidos que conservan plumas y filamentos aun cuando ya no son habitados, cada pieza retiene una memoria del cuerpo y, al mismo tiempo, anuncia un movimiento por venir. Todo en este espacio está en tránsito, en un punto de tensión donde algo late antes de desplegarse. 

Su recorrido material acompaña esa deriva. Después de años de trabajar la cerámica —la vasija, el contenedor, la forma que recibe—, Malen vuelve la mirada hacia las semillas, hacia la potencia más que hacia la forma, hacia lo que crece antes de hacerse visible. Arcilla y semilla se encuentran en un mismo gesto: sostienen un origen y lo impulsan hacia adelante, como si la permanencia fuera también una forma de movimiento.

Sin saber bien por qué, su práctica cotidiana incorpora un gesto íntimo y perseverante: coser semillas al fieltro, casi como un ejercicio de meditación que, con el tiempo, se volvió un modo de escuchar el ritmo del material. En esa labor paciente, las costuras trazan recorridos que evocan líneas de horizonte, accidentes de un territorio, pequeños paisajes que se despliegan sobre la superficie. 

La sala se convierte, entonces, en un territorio germinal: brotes, vasijas que reciben, piezas que se expanden, semillas en distintos estadios de latencia. Todo parece estar a punto de suceder. Nada está detenido; todo está atento.

Para aproximarnos a su obra es interesante pensar en la idea de fusión de horizontes²: llegamos a la sala con el nuestro propio, cargado de todo aquello con lo que lo hayamos alimentado y estimulado, y nos encontramos con el de Malen. En este encuentro, donde cada quien llega con sus paisajes, sus migraciones, sus pérdidas, la obra responde, se entreteje y abre una lectura más rica, más porosa, más viva.


A dónde emigran las aves cuando se desarma el nido se vuelve, entonces, una invitación a pensar lo que ocurre cuando todo se mueve a la vez: el cuerpo, los materiales, las preguntas que nos hacemos.

En ese desplazamiento compartido, Malen desarma la nostalgia del nido perdido y afirma un presente en transformación, un presente que se construye mientras cambia y en el que cada gesto encuentra, lentamente, su manera de crecer.

Ana Larrere





Notas al pie

¹ Todo lo que crece. Naturaleza y escritura. Clara Obligado. Editorial Páginas de Espuma, 2021, p. 16.

² Idea inspirada en la noción de “fusión de horizontes” de Gadamer, Hans-Georg (2001). Verdad y Método I. Salamanca: Ediciones Sígueme.